NAVIDAD
La navidad, con la pascua, son las dos grandes celebraciones litúrgicas que celebra la Iglesia. En la Navidad celebramos el nacimiento de Jesús que nos llega como luz salvadora, en la pascua celebramos, sobre todo, su resurrección, que nos habla de una esperanza gloriosa y eterna. Son dos llegadas.
Jesús, pudiendo venir rodeado de majestad nos llega en el miserable establo de una posada de Belén. Pese al nacimiento tan humilde, algo se estremece en el mundo algo ocurre que es percibido por las gentes sencillas. Los pastores, que estaban al frio raso de la noche sienten necesidad de acudir a Belén, porque allí, según les anuncia un enviado, a ocurrido algo grande. Cuando llegan y ven al niño recién nacido en aquella cuadra entre animales, no se impresionan por el entorno, su atención está puesta en el niño. Saben que el recién nacido ha llegado para ser la palabra del Padre: profeta. Para ser un gran maestro: sacerdote; y a ser Rey Ungido: Mesías. Lo saben, lo creen y, lo adoran. Por eso Jesús, ya adulto, dará gracias a su Padre: "Te doy gracias, Padre... porque has escondido esto a los sabios... y lo has revelado a la gente sencilla" Es la sencillez del corazón, lo que nos prepara a este conocimiento. "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" Los pastores, Gente humilde, sencilla; saben de la grandeza de aquel niño apenas ha nacido.
La navidad es una fiesta que hace palpitar nuestros sentimientos, nos anima a ser más acogedores, más comprensivos con los demás. Navidad es tiempo para el amor, como si aun permaneciera acuñado sobre el tiempo aquella venida de hace 2.007 años que trajo la salvación para el mundo.
La Navidad es tiempo de salir de nosotros, de mirar al pobre, al que está sólo, al enfermo, al que sufre… Mirar y comprender sin juzgar, sin reproches; mirar con amor.
La Navidad es tiempo de cambio, de apartar de nosotros las actitudes viciadas por el orgullo, la soberbia, el rencor, apartar todo eso que ensucia nuestro corazón para perdonar, abrazar, acoger, dar la paz para estar en paz..
La Navidad es tiempo de reflexión, de preguntarnos si tuvo sentido la llegada de Cristo para nuestra sociedad consumista. Si estamos dispuestos a continuar la acción salvadora de Cristo en este mundo en que vivimos con nuestro compromiso de buen cristiano, nuestras actividades en la parroquia, nuestro ejemplo de estilo de vida.
La Navidad es el tiempo de la caridad. Aprovechemos los pequeños destellos de paz y caridad que aún perduran en estas fechas como evocaciones del amor de los amores que nos regalo el Padre con la llegada de su Hijo, y dejemos nuestro corazón abierto a los demás como en un gran abrazo universal.
Es Navidad
La navidad, con la pascua, son las dos grandes celebraciones litúrgicas que celebra la Iglesia. En la Navidad celebramos el nacimiento de Jesús que nos llega como luz salvadora, en la pascua celebramos, sobre todo, su resurrección, que nos habla de una esperanza gloriosa y eterna. Son dos llegadas.
Jesús, pudiendo venir rodeado de majestad nos llega en el miserable establo de una posada de Belén. Pese al nacimiento tan humilde, algo se estremece en el mundo algo ocurre que es percibido por las gentes sencillas. Los pastores, que estaban al frio raso de la noche sienten necesidad de acudir a Belén, porque allí, según les anuncia un enviado, a ocurrido algo grande. Cuando llegan y ven al niño recién nacido en aquella cuadra entre animales, no se impresionan por el entorno, su atención está puesta en el niño. Saben que el recién nacido ha llegado para ser la palabra del Padre: profeta. Para ser un gran maestro: sacerdote; y a ser Rey Ungido: Mesías. Lo saben, lo creen y, lo adoran. Por eso Jesús, ya adulto, dará gracias a su Padre: "Te doy gracias, Padre... porque has escondido esto a los sabios... y lo has revelado a la gente sencilla" Es la sencillez del corazón, lo que nos prepara a este conocimiento. "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" Los pastores, Gente humilde, sencilla; saben de la grandeza de aquel niño apenas ha nacido.
La navidad es una fiesta que hace palpitar nuestros sentimientos, nos anima a ser más acogedores, más comprensivos con los demás. Navidad es tiempo para el amor, como si aun permaneciera acuñado sobre el tiempo aquella venida de hace 2.007 años que trajo la salvación para el mundo.
La Navidad es tiempo de salir de nosotros, de mirar al pobre, al que está sólo, al enfermo, al que sufre… Mirar y comprender sin juzgar, sin reproches; mirar con amor.
La Navidad es tiempo de cambio, de apartar de nosotros las actitudes viciadas por el orgullo, la soberbia, el rencor, apartar todo eso que ensucia nuestro corazón para perdonar, abrazar, acoger, dar la paz para estar en paz..
La Navidad es tiempo de reflexión, de preguntarnos si tuvo sentido la llegada de Cristo para nuestra sociedad consumista. Si estamos dispuestos a continuar la acción salvadora de Cristo en este mundo en que vivimos con nuestro compromiso de buen cristiano, nuestras actividades en la parroquia, nuestro ejemplo de estilo de vida.
La Navidad es el tiempo de la caridad. Aprovechemos los pequeños destellos de paz y caridad que aún perduran en estas fechas como evocaciones del amor de los amores que nos regalo el Padre con la llegada de su Hijo, y dejemos nuestro corazón abierto a los demás como en un gran abrazo universal.
Es Navidad