martes, 29 de diciembre de 2009

Pensar.-

LA ESPERANZA
La esperanza es hija de la trascendencia que proclamamos en nuestra fe. Es el convencimiento de que todo lo que Jesús nos anuncia en el sermón de las bienaventuranzas es cierto. En el mencionado Sermón de la Montaña Jesús nos abre la puerta del reino que nos espera. Después de cada bienaventuranza, en cada “Porque ellos…” nos sitúa ante una eternidad dichosa. Por eso la esperanza es el referente que motiva nuestro comportamiento de buen cristiano. La esperanza cristiana es quizás la virtud que más llena el corazón del hombre, siempre sediento de felicidad. La esperanza es capaz de destruir nuestros miedos, romper con todo tipo de condicionantes que se oponen a llevar una vida en Cristo. Recuerdo que días antes de morir mi hermana, después de una larga enfermedad, me decía: “No tengo nada de miedo a afrontar la muerte, ella me abre a la alegría de estar con Dios” Otro recuerdo es el de mi padre, cuando ya privado de todo, por la enfermedad, decía a menudo esta jaculatoria “Señor, hasta cuando me vas a tener así? tengo tantas ganas de estar contigo”
Estos testimonios de dos familiares queridos, son reflejos de la fuerza maravillosa de la esperanza, al dar sentido, desde la fe, a nuestras vidas.
Cuando esto ocurre comprendemos que nuestra vida es un paso, que si lo hemos ido llenando de fe y esperanza nos anticipa ya un poco de la felicidad que viviremos eternamente, con el Señor, en el “País de la Vida”.

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