viernes, 13 de noviembre de 2009

Articulos.-

Guguetes para niños y,
niños juguetes


(Articulo publicado en la
revista Parròquia de tots, de Navidad)

Viendo como los niños vibran nerviosos ante la llegada de los Reyes Magos, llenos de una inquietud alegre y esperanzada, he querido dedicar mi editorial de hoy a unas pequeñas reflexiones sobre el maravilloso tiempo de la infancia, tiempo de inocencia. Jesús nos dice: “el que no se hace como un niño no puede entrar en Reino de los cielos” y estoy convencido que en esta afirmación hay una amarga advertencia que nos hace notar los lejanos años de la inocencia, el candor, la confianza, la humildad que genera la dependencia, el disfrute del cariño de nuestro padres… realidades en la línea de la exhortación de Jesús a aplicarnos y que parece chocan con los criterios de los mayores.
La magia de los Reyes, con su llegada, su carga de ilusión para los niños, tan simulada por los mayores, especialmente asumida y llevada por los padres para crear ese estado de emoción y dicha en sus hijos, hacen cada año el milagro de llenar de ilusión y felicidad los tiernos corazones de los niños. Críos que, aún ignorando lo que les deparara la vida, vibran con la inmediatez del prodigio de ver realizado su sueño más preciado, ser felices y ver que sus padres lo son con él y por él.
A esa alegría contribuimos los mayores, aunque ello suponga alimentar el engaño de lo irreal. Con tal de ver a nuestros niños felices, Somos capaces de organizar una acogida a unos reyes imaginarios. Magos buenos que, trayendo destellos de felicidad para los niños, rebotan en nuestros corazones multiplicando su ilusión y haciéndola extensible a los mayores. Reyes Magos, tan comprensivos y buenos que pese a las advertencias de que si no son buenos no les traerán nada, años tras año, siguen regalándoles los juguetes a pesar de sus trastadas. Es curioso como entre todos ocultamos la realidad para hacer posible, inolvidables momentos para nuestros pequeños.
Pero hoy, como una moneda de dos caras, también abunda la situación inversa, hay niños usados como juguetes en la pornografía y prostitución. Hay niños explotados por los mayores, en interminables horas de trabajo. Hay niños en las calles para utilizar y tirar. Los hay en procesos irreversibles de desnutrición, abocados a morir de hambre. Hay niños soldados usados en guerras de intereses… Ante esta situación que no es un artificio para crear ilusión, sino, procesos estructurales de maldad, de una realidad sangrante, cabría preguntarnos: ¿por qué hay juguetes para niños, y niños que son juguetes?
Nuestra sociedad enferma, tendrá que dar cuenta ante la historia de tantos silencios cómplices, de tanta indiferencia y egoísmo, de tanta iniquidad; pero sobre todo de haber matado la inocencia de tantos niños como los nuestros, cuya culpa fue no poder elegir el donde y el cuándo de su nacimiento.
Cristo se hizo solidario de todos los grupos sociales desfavorecidos de su tiempo, las mujeres, enfermos, pobres y niños; fueron sus predilectos. ¿Qué le responderemos al Señor, el día que nos pregunte: Y tú, ¿qué hiciste con tu hermano?
Cuando miro a una persona mayor envejecida prematuramente, de las que abundan en el mundo de la exclusión social. Por unos instantes los imagino en su niñez, aquel hombre o mujer, lleno de heridas física y síquicas, aquella persona descompuesta, maltratada, por todos desconsiderada, excluida y que no nos gustaría ver, hace años fue un candoroso, inocente y confiado niño sobre el que se cebaron el desamor, el egoísmo la brutalidad; hasta hacer de él, el “Ecce homo” que ahora se nos muestra. He aquí este hombre: ladrón, vicioso, drogodependiente, vago, ruin y enfermo; sólo y abandonado. Inmediatamente me brota la inquietante pregunta ¿Quiénes matamos la inocencia del niño que ahora hecho hombre señalamos?



Un saludo cordial de Ernesto.

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